*
Entonces sopló un viento terrible. Mi obstinación en luchar contra el polvo me permitió ver por vez última, como ella se iba haciendo pequeña y difusa en la angostura distante de la calle. Era la amante muerta desapareciendo, era el grito hasta el vértigo, el hoyo en el alma por donde ella juega y salta, por donde grita maquiavélica que la nada existe, por donde arroja miradas de terror a los visitantes, a los amantes pasajeros, a los viajantes.
Se pierde en la acera de enfrente. El bus que toma acecha furioso e indolente y en pocos segundos la velocidad de sus ruedas cortará la estela de sangre que nos une. Unos minutos después ella perderá su mirada en el camino. Yo me quedaré en la parada opuesta pensando en si mis pasos fueron pesados, abigarrados de lentitud. Moverme es un infierno. Soy un ser sangrante como un elefante asesinado en las puertas de un circo. Más tarde seguiré sus rutas para vestirme del calor que deja su cuerpo en todas las cosas mundanas. Horas después caeré y reiré y la demencia será un paso firme. Azotaré mi cuerpo contra los murallones en donde se posó su sombra gélida y me imantaré de su frío. Al pasar de las semanas me congelaré, y el corazón habrá formado un órgano de la cicatriz madura y al paso de los meses seré una mirada impía, un paso ligero perdiéndose en la angostura pérfida de la calle, y seré sólo un cuerpo difuminado, achicándose con rapidez, brincando sobre agujeros en el alma de alguien, y seré la nada aterrada, la bilis del mundo, la amante muerta.
"Dos arañas son dos miradas de terror que caen de ojos distintos. Se encuentran en un rincón de la casa y huyen en direcciones opuestas, porque le tienen miedo al amor." -Oscar Hahn-
miércoles, enero 30, 2013
Al otro lado se ve el infinito, que miedo
*
Este es un pequeño espacio del universo que
parte acá, acá en el límite de mi boca. Abro los labios delicadamente, para
evitar las heridas del silencio arraigado. Los abro y respiro por vez primera.
Inhalo. Siento un temblor en mis manos, se fracturan mis dedos tiesos sobre el
teclado. Asciende éste como si lo llevase la fuerza de un imán y tras de él la
mesa enjuta que pisa, las cortinas amarillas deslavadas, polvorienta la
repisa en mi paladar, el libro sin cuenta, como una serpiente que se desenrolla, las
palabras: "Al otro lado se ve el infinito, que miedo". Como un
dominó que toma velocidad, las gafas rotas, la polaroid de mi abuelo, los
western, las películas francesas que no vi, las zapatillas blancas por años sucias, los audífonos, las
manillas, los pernos de la puerta destartalada, la mesa y la mancha blanca de
la olla caliente, la silla coja, el corredor oscuro, la
escalera de mis padres, la cama a veces de ella, la noche cautiva,
el barrio, el vaso, el beso, la gota, de la micro los cantantes, la pileta, los
jeans húmedos, la risa, la carretera, la euforia, la playa, la mirada, lo
indecible, lo indeleble, los fantasmas, lo que amarra, lo que suelta, lo que
atrapa desde el otro lado, la arena, el horizonte perdido, mi piel devanada. Los buses, las rutas, el metro, los cigarrillos
deshechos, las subidas, las bajadas, las puertas cerradas, el miedo. Las bandas
rock, las canciones gritonas, las heridas: Las tuyas, las mías, las de ellas.
La velocidad, lo nublado, la embriaguez, las paredes tristes, las ventanas
tristes, la habitación triste. La mañana: La certeza terrorífica, la mirada
herida detenida, las trampas del corazón y todo lo que se estila. Los años;
carreras espaciales de desencanto. El puente; Tú de nuevo con la sonrisa ancha, con el cabello estirándose y desenredándose hasta los talones, hasta los míos,
por medio de mis piernas, circundando mis caderas, mis pechos, mi espalda, mi
cuello, mis labios, empujándose tras de todo, abriéndose hasta mis
entrañas, y en tu boca un cerrojo en forma de peón de ajedrez, infinito, que me absorbe a mí, que lo absorbe todo.
"Eso fuimos los dos: Torres gemelas que se desplomaron, torres en llamas que se hicieron escombros". -Oscar Hahn-
No hay nada más terrorífico que la nostalgia
*
Hay días, incluso en verano,
donde no hay nada más pesado que la nostalgia. El disonante envejecimiento del
cuerpo corriendo tras el espíritu hilarante de las memorias. ¿Como enfrentarse
a un "uno mismo" joven y pueril?: Los dientes lechosos, los ojos
brillantes, las manos tersas que jamás se han estrellado contra la tierra. Como
volver ahí sin la nausea de los años, sin el agrio beso de la muerte en los labios.
Porque no hay nada más terrorífico que la nostalgia; Las mejillas aún
rosadas, el cuerpo fresco de las primaveras.
La sombra de abril en el
parque: Sus ojos pardos y su risa blanquecina estallaron como una bala que
entró por mi boca y explotó en mi garganta; Sus comisuras perfectamente
levantadas por donde se escurría una sonrisa asertiva, el lunar en su
inescrupulosa mejilla derecha, el blazer negro brillante y el color savage de
su cabello, aparecieron de pronto: Estoy ahí y ya puedo escuchar hilvanarse ese suspiro coqueto suyo. Lentamente sus palabras se transforman en una escena tecnicolor.
El color rojo de su abrigo en el sepia otoño que pasó raudo, que quebró las
hojas amarillentas debajo de sus zapatos, que corrió como una cortina tempestuosa
abrochando nuestro beso bajo los paraguas lambisqueros, que la escondió tras
su bufanda en el gris de salvador, que nos abrazó con sus estaciones infinitas y nos arrojó a los charcos invernales de
marea alta y nos mojó las mañanas eternas, las cascaras de naranja en la
estufa, la madera hinchada, el corazón rojo: azulándose. La hipotermia. Nos
congelamos durante siglos. Se congelaron nuestras miradas inquietas en la cama,
los algodones dulces y las montañas rusas viscerales que surtían de abrazos
sorpresivos en una esquina amorosa de la escalera. Que se puso puntiaguda, que
deformó sus vértices, que se hizo impía, mugrosa, intrigante, que se fue
deslizando y estirando a sus anchas de piedra negra. Que nos colocó en la
puerta quejumbrosa de febrero, que me devoró completa, que de pronto estaba
ella con la mirada amarga, con las comisuras declinadas, con sus mejillas
claudicando, con su oscuridad azul profunda acariciando mi mano, por vez última. Porque hoy es
la última despedida. Porque corrimos demasiado lejos y ya no distinguimos a la niña
del blazer negro brillante y el lunar inescrupuloso en la mejilla derecha
sonrojarse en el parque, fundirse en el olor a tierra húmeda de las tardes a
las siete.
No hay nada más terrorífico
que la nostalgia.
"¡Cuan dichosa es la suerte de una inocente virgen! El mundo olvida, el mundo olvidado. ¡Eterno resplandor de una mente sin recuerdos!".
lunes, enero 28, 2013
Lavoz
*
Debería escribir
los 21.
Debería escribir los 21 -pensé-
Debería escribir los 21 (Se cerró la puerta de entrada).
Debería escribir los 21: Burlones se alejaron ligeros los pasos.
Debería escribir los 21; Deslenguada la primavera.
Debería los 21 escribir Aromos violentos de verano agujereando tu boca...
Los debería escribir 21 hasta que emerja a su centro, hasta que vea la luz apretujada en tu ombligo y que el invierno compasivo me arrastre el acido que cogí de tu estomago.
Pero violentas entrañas de otoño se cierran en los vórtices de mi boca porque es 21 y quiero invierno(s) burlones y deslenguados como ligeros pasos, -pensé- mientras subes a la micro-demente. Debería escribir los 21.
Debería escribir
los 21.
Debería escribir los 21 -pensé-
Debería escribir los 21 (Se cerró la puerta de entrada).
Debería escribir los 21: Burlones se alejaron ligeros los pasos.
Debería escribir los 21; Deslenguada la primavera.
Debería los 21 escribir Aromos violentos de verano agujereando tu boca...
Los debería escribir 21 hasta que emerja a su centro, hasta que vea la luz apretujada en tu ombligo y que el invierno compasivo me arrastre el acido que cogí de tu estomago.
Pero violentas entrañas de otoño se cierran en los vórtices de mi boca porque es 21 y quiero invierno(s) burlones y deslenguados como ligeros pasos, -pensé- mientras subes a la micro-demente. Debería escribir los 21.
viernes, diciembre 21, 2012
De otra mi desconocida.
*
Digo que me duele el pelo...
tu pelo
el que calza tu cabeza
el que cae derrotado en tu hombro
mi pelo
derrotado en mi hombro
tu pelo furioso en el viento
destrozando carcajadas
devorando el silencio
infierno de palabras que subyacen en tus dedos.
Digo que me duele el alma...
y es como si me masticara un eco
y son tus dientes crujiendo tan dentro
que por más que hurgo solo veo un cielo abierto
un diamante afilado trepidando en mi cuello.
Y digo que me duele nada...
La nada más nada de no recordar tu reflejo
tu sombra gélida
tu dolor muerto.
Mi dolor muerto en la mesa.
Y yo sabiendo que te encontraba
y yo sabiéndote tan lejos
y yo sabiéndote de otra
de otra historia
de otras historias de viejos
de otros muertos.
Digo que me duele el pelo...
tu pelo
el que calza tu cabeza
el que cae derrotado en tu hombro
mi pelo
derrotado en mi hombro
tu pelo furioso en el viento
destrozando carcajadas
devorando el silencio
infierno de palabras que subyacen en tus dedos.
Digo que me duele el alma...
y es como si me masticara un eco
y son tus dientes crujiendo tan dentro
que por más que hurgo solo veo un cielo abierto
un diamante afilado trepidando en mi cuello.
Y digo que me duele nada...
La nada más nada de no recordar tu reflejo
tu sombra gélida
tu dolor muerto.
Mi dolor muerto en la mesa.
Y yo sabiendo que te encontraba
y yo sabiéndote tan lejos
y yo sabiéndote de otra
de otra historia
de otras historias de viejos
de otros muertos.
miércoles, noviembre 21, 2012
Petardo de arena
*
Desde el blanco desmantelador. Desde el arenal inerme; Abro los ojos agrietados, asolados por desiertos atiborrados de agujeros negros. Con los labios rizados, agujereados por balas silenciosas, por balas como ojos ausentes, caricia extraviada, duda gélida lamiéndome la espalda.
Busco ahora ya de puntillas, una imagen para descomponerme, para tener otra voz y ya exhumado mi cuerpo; otra mente.
Estar de cabeza para encontrarme con tu boca abajo, con tus dientes tristes, con tu mirada revuelta, con la cadera invertida, con los talones dominando. Con tu luz oscura/con mis manos finitas.
Quiero que hoy la poesía tenga otras vísceras, que explote de mi vientre como un enjambre de moscas construyendo la noche.
Quiero hablarte desde las entrañas para dolerle al mundo, para que aúlle como bestia entrampada. Quiero decirte que puedes largarte a cualquier oasis, que los conozco todos, que edifiqué panteones en ellos, que puse cada piedra con un soplo adentro, por si un día pasabas por ahí y te acosaban las señales. Que te arrastraran hasta aquí, donde ya he levantado un imperio, donde tu desconocimiento es un petardo de arena contra mi castillo de aire.
Puedes irte cuando quieras, (puede seguir viéndome así), puedes quedarte con esa mueca, que de mí se extenderán como dianas mis venas, como ligeros hilos de azúcar se extenderán hasta ti. Se abrazarán a tus piernas, se enredaran en tu pelo, impactaran pequeños granos contra el velo que dibuja tu risa y seré un cuerpo en el azul violento de la noche, suspendida en el celo de la ciudad, entre el carbón, bajo el ruido de los neones refulgiendo en mi piel estirada, blanco colchón sobre el que descansa tu ombligo.
"dice que no sabe del miedo de la muerte del amor
dice que tiene miedo de la muerte del amor
dice que el amor es muerte es miedo
dice que la muerte es miedo es amor
dice que no sabe.."
Alejandra Pizarnik.-
Desde el blanco desmantelador. Desde el arenal inerme; Abro los ojos agrietados, asolados por desiertos atiborrados de agujeros negros. Con los labios rizados, agujereados por balas silenciosas, por balas como ojos ausentes, caricia extraviada, duda gélida lamiéndome la espalda.
Busco ahora ya de puntillas, una imagen para descomponerme, para tener otra voz y ya exhumado mi cuerpo; otra mente.
Estar de cabeza para encontrarme con tu boca abajo, con tus dientes tristes, con tu mirada revuelta, con la cadera invertida, con los talones dominando. Con tu luz oscura/con mis manos finitas.
Quiero que hoy la poesía tenga otras vísceras, que explote de mi vientre como un enjambre de moscas construyendo la noche.
Quiero hablarte desde las entrañas para dolerle al mundo, para que aúlle como bestia entrampada. Quiero decirte que puedes largarte a cualquier oasis, que los conozco todos, que edifiqué panteones en ellos, que puse cada piedra con un soplo adentro, por si un día pasabas por ahí y te acosaban las señales. Que te arrastraran hasta aquí, donde ya he levantado un imperio, donde tu desconocimiento es un petardo de arena contra mi castillo de aire.
Puedes irte cuando quieras, (puede seguir viéndome así), puedes quedarte con esa mueca, que de mí se extenderán como dianas mis venas, como ligeros hilos de azúcar se extenderán hasta ti. Se abrazarán a tus piernas, se enredaran en tu pelo, impactaran pequeños granos contra el velo que dibuja tu risa y seré un cuerpo en el azul violento de la noche, suspendida en el celo de la ciudad, entre el carbón, bajo el ruido de los neones refulgiendo en mi piel estirada, blanco colchón sobre el que descansa tu ombligo.
"dice que no sabe del miedo de la muerte del amor
dice que tiene miedo de la muerte del amor
dice que el amor es muerte es miedo
dice que la muerte es miedo es amor
dice que no sabe.."
Alejandra Pizarnik.-
viernes, febrero 25, 2011
De las múltiples fobias
*
Tengo la voz troncada y quiero ahora decirte tanto: Me he paralizado hasta las entrañas. Sufro ausencia de (voz), y con las vértebras lastimadas quiero implorarte algo: ¡Cercename las fobias!; La de los espacios, la de los silencios, la de tus pasos taciturnos, pesos pesados, pisados por mis pies iracundos... a veces moribundos; Cuando arremete el frío, la oleada salvaje, la avenida inquieta, y la ciudad es un galpón resonante, un neón enfermo y viejo neón de la calle mecenas.
(Sobre la espera... alguna vez desafortunada espera)
Quiero contarte algo pero tengo los dientes torpes.
Tengo la voz troncada y quiero ahora decirte tanto: Me he paralizado hasta las entrañas. Sufro ausencia de (voz), y con las vértebras lastimadas quiero implorarte algo: ¡Cercename las fobias!; La de los espacios, la de los silencios, la de tus pasos taciturnos, pesos pesados, pisados por mis pies iracundos... a veces moribundos; Cuando arremete el frío, la oleada salvaje, la avenida inquieta, y la ciudad es un galpón resonante, un neón enfermo y viejo neón de la calle mecenas.
(Sobre la espera... alguna vez desafortunada espera)
Quiero contarte algo pero tengo los dientes torpes.
Sin embargo todavía dudo de esta buena-Mario Benedetti-
suerte porque el cielo de tenerte me parece fantasía.
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