lunes, septiembre 14, 2009

La última piedra

*


Sobre su rostro, formando fisuras caía el gorgoteo trémulo de la vida. Roja agria, azul borgoña sobre un manto inconmensurable de luz pálida como la palma de una montaña en invierno; Así la encontró su mano helada, que era tibia, que era ardiente en sus mejillas escuálidas. La tomó como si fuese un abrigo que acariciaba su pecho inerme, blanco, endurecido y taciturno. Era demasiado tarde para detener el pisoteo de las horas, demasiado tarde para reprochar las miradas gélidas, los abrazos desocupados, para flanquear los titubeos de la noche sediciosa. ¿De que nos podemos jactar en horas como éstas?, cuando se ha escapado por un escaparate la risa, cuando la relatividad no tiene sombra. Es un desierto de piedra, de ausencias lastimadas, donde no corre una palabra siquiera en las postrimerías de los ecos. ¿Cuantos serían los viajantes que llegarían hasta ésta tumba de flores etéreas y siemprevivas a dar el último beso desquiciado de vanidades?; Adoradores de la muerte, de la encina, de la brisa seca de las despedidas que se añoran.

Podría proclamar un discurso más honorable, uno que se imante en las cuevas profundas y oscuras, y en los aromos más altos. Uno que sea digno de excusar una vida de lamentos e inapetencias. Luego, no puedo más que desencantarme con esta marcha, con esta repetición insulsa, de naturaleza, de lo inevitable; como una lágrima que viene desde la nada hasta el nunca.

Su mano parecía el arco lastimado de un violín. Y entonces quiso besarla, tomar su mano apretada y morderla hasta que arrojase un grito reflejo, que reaccionase su cuerpo a siniestras de los ciclos y devorar su carne hasta que actuase su moral en defensa de su cuerpo inválido, de sus ojos grises, de la verborrea virulenta de un pueblo ignorante de su sangre, de sus preguntas y sus dolores que ya no se derraman sobre nadie, sobre ninguna calle sonrojada por la violencia de no sentir nada más que la bruma de la ciudad que envuelve todo con sus sonrisas fáciles y la niebla de sus manos invisibles que sostienen todo… todo lo insostenible.




"No hay nada más pesado que la comprensión. Ni siquiera el propio dolor es tan pesado que el dolor sentido, por alguien, para alguien, multiplicado por la imaginación, prolongado en mil ecos."
Milan Kundera.


domingo, marzo 29, 2009

El eterno retorno de las bestias

*


Tengo el corazón trapicado. Caminé a medio-vestir, a gatas desastillando el suelo; Encontré el espejo. Llevo años en esto, ir y venir tropezando con los muros desnudos. Nunca he tardado tanto en volver. Ahora me encuentro, me pierdo, me reviento. Los gritos de auxilio son los más débiles. He vivido para que me encuentren, para dar vueltas en círculos y ahora que la hora última está en todos lados, me vuelvo más irreconocible.

Llegó justamente en el vuelco de la vida, lo suficientemente leve para poder cargarla: Arribaba otoño. En otoño la tierra se apropia de todo; Es la guía, la intuitiva. Salí de mi jaula con los harapos que me quedaban, la agarré en una esquina desorientada y la monté en mi lomo. Mordí a todo animalejo del camino, le di de beber y comer de mi boca hasta que estuviese sana, hasta que pudiese incorporada desgarrarme la bestialidad... extirparla del alma. Y hoy, justo ahora... Me he vuelto instransitable, una carretera borrascosa demasiado oscura para quien le tema a la noche y sus bestias.
Me duelen las aristas del espejo, me señalan, me enjuician. Tengo escrito su nombre en cada esquina, ahora que lo sé no puedo olvidarlo, aún cuando me ataquen las horas, aún cuando vengan por mí. Ella es la única que puede encontrarme, atraversarlo, romperlo al final. Ha luchado con miles de ellos y ya no pueden dañarla... Es sólo un espejo -me repito- lo tomo por las astas y lo azoto contra la pared, pero no consigo más que mil puñaladas y cada vez la sanación es más difícil... cada vez este lugar es más frío, más absurdo y temible. Extraño sus abrazos, el calor intenso... Estar desnuda aquí es la mayor incapacidad; siento verguenza, siento el hielo de las paredes, siento el olvido carcomiendo mis memorias. ¿Cuántos segundos tiene una vida?. Me he dado cuenta de que estoy atrapada, que nunca he estado tan dentro... tanto que ya es demasiado tarde para recordar el camino, que me he rendido, que he decidido ser devorada por los lobos, por fieras sin nombres, por la noche eterna, por la desnudez, por el frío...


"Ella tiene miedo de no saber nombrar lo que no existe..." (Pizarnik)



lunes, marzo 23, 2009

Luces bajas

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La espera más grande... la irrecorrible concurre en ese exacto segundo en que todo se ennegrece. Paradas intransitables. Dicen que la noche es más oscura justo antes de la mañana. Estoy aquí... inamovible. La ciudad se ha cobijado de tonos grises. ¿Qué he de esperar?. Tengo frío... uno de esos que se pliegan a los huesos y no desaparecen. La espero hace un millón de años; Nunca nada a dolido tanto. Quiero que llueva... que cercene las veredas, que se lleve por riachuelos de escombros el parque yermo, los cerros derretidos, los edificios agrietados... y yo en medio, arrojando a patadas las columnas, las piedras, la tierra mojada. ¿Y si entre el ruido alzo mi voz?, ¿y si de pronto mi grito fuese el más fuerte de todos?. Que la trajese, que la arrastrase mi garganta, mi lengua, mis venas estiradas como un elástico que se desplaza por la ciudad derrotada. La escucho venir... tambalean los árboles, caen las hojas resecas, oigo los jirones de su abrigo recortando las murallas, la puerta asolapada, las calles levantadas. De vez en cuando piso esas hojas marchitas, el sonido de la destrucción me recuerda a sus pies livianos jugando entre las hojas de otoño... caían para ella, para ser besadas por sus talones, por el único lugar de su cuerpo que toca el mundo. Me paseo por callejones nuevos, por habitaciones ajenas, por tejados demasiado altos, esperando que me encuentre en lugares donde nunca ha estado y que reconozca mis huellas de barro, que huela mis pasos, que sienta sed de mis aventuras y se desarme con los rumores de mi muerte. Pero ahí está ella, siempre veinte minutos tarde; con su cabello perfecto, con su sonrisa ancha, con sus ojos estirados.



"Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde filoso de la noche..." (Pizarnik)


miércoles, noviembre 26, 2008

Pesos pesados

*

Hace un tiempo comencé un libro que hablaba de la levedad y el peso... ¡perdón!, más bien digo; "me comenzaron un libro...". Era una tarde en medio de la primavera intransigente que apretuja los nuevos días de Santiago. Salí corriendo de mi casa con una mezcolanza de argumentos acribillándome la boca. Cuando mentimos nos transformamos en la mítica figura del “caballero de la armadura oxidada”; Nos montamos con nuestra coraza de hierro, nuestra furia entre labios y la espada empinada, como si toda la violencia del mundo, pudiese sosegar al niño perdido que llevamos dentro y de pronto somos una bestia que arrasa con todo a su paso y nuestros bramidos se vuelven exagerados y feroces.
La alcancé en el centro de la estación Baquedano, huyendo como fiera herida, ladrando de desquicio y lamento. La sujete con calma y la llevé hasta mi pecho, con la esperanza de que algún soplo de realidad me reanimara un latido tímido que no se convirtiese en animalejo apenas a propiciado la vida. Y solté ese despilfarro de sin-sentidos y le arrojé mis vidas pasadas, mis dolores desdeñosos y le prometí quedarme sentada en el asiento contiguo; "como compañera de un viaje inesperado...", entonces sostuvo entre su espacio y el mío, el silencio más crudo de nuestra historia.

Abrió el libro en la página 270, sacó el marcador de su ubicación y lo llevo a la primera página. Me tomó, me acomodó entre sus piernas y comenzó a leerlo desde un principio. El libro comenzaba hablando de alguna cita de Nietzsche que ahora no puedo recordar, pero que encantó mi mundo de ideas. Luego aparecía la historia de un tipo de treinta y tantos que conoce a una chica a razón de una seguidilla de ridículas casualidades. La primera asociación nace cuando el protagonista análoga el descubrimiento de su amante, como si la vida la hubiese arrojado por un río en una canasta hasta su puerta y que éste apiadado y enternecido por la fragilidad y la inocencia de la criatura decidía hacerse cargo de ella, como si esa llegada hubiese apelado primero a su compasión que a su suerte. Entonces me pregunté cual era el motivo de releer aquel libro, me embargaba la incertidumbre, de pronto cada línea era como enfrentarme a la escena de “The Shining” del elevador y la ola de sangre.

Nacieron una serie de interrogantes; Porque debíamos terminar el libro juntas, porque tuve desde un comienzo ese extraño presentimiento de que no terminaríamos de leer hasta que se calmara su ira o hasta que se mitigara su pena, era como una vía de escape o un margen de tiempo que predefinía cuantas eran las horas o días exactos que quedaban para que separásemos nuestros caminos para siempre. Estuvimos esa tarde excursionando por cada capítulo y hoja que sobrevenía. Reímos, consentimos y culpamos. Derrepente nos encontrábamos dentro de esa burbuja en la que nos habíamos sumido mucho tiempo antes cuando nos conocimos.

El tiempo pasó raudamente y después de varios intervalos, investigaciones sobre la historia de los personajes e incluso caracterizaciones personales, me confesó que el día que termináramos aquella novela, sería el cierre final de nuestro viaje. Pero algo no quería que aquello sucediese, por alguna confusa razón siempre ocurría algo que evitaba que supiésemos el desenlace, inclusive al ver la película que se filmó hace 21 años atrás (exactamente mi edad), y aún así ninguna comprendió en donde convergía todo, quizá ninguna quería saberlo, puede que hayamos descifrado la gran interrogante que surge justo en el espacio intermedio entre el destino y la voluntad. Puede que exista un plan predeterminado, configurado de tal manera que si nos dejamos envolver por el velo del desencanto y la apatía, rodemos sin remedio hacía él, pero si por una o cualquier razón escuchamos ese sonido interno que como un biombo lejano nos arremete, puede que tal vez sólo así logremos doblar en el siguiente desvío para seguir en carrera a nuestra histeria.

Al llegar al penúltimo capítulo del libro, el protagonista relata un encuentro existencial formidable en la crisis de los 40. Tiene un sueño, se ve encantado por un mundo que no ha vivido, por colores que no ha visto y olores que jamás ha alcanzado aunque por algún motivo vivían en su inconsciente, se ve acostado al lado de una mujer hermosa, que duerme placidamente en sus brazos. Es mi alma gemela... -piensa- y está dispuesto en ese momento a abandonar a la mujer de su vida, a la que recogió "simbólicamente" del canasto río abajo hasta su apartamento. Luego despierta y se da cuenta de que quizá nunca conozca a esa mujer y que tal vez ni siquiera exista más que como una idea borrosa. Entonces pensé en como el ser humano se aferra con tanto ahínco a éstas fantasías colectivas; "El príncipe azul, el alma gemela, Díos, la política..." (En orden de prelación), sólo por encontrarse tan devastadoramente desencantado, y el primer desencantamiento sucede en el momento del parto; el niño jamás perdona a la madre por tal violento desapego, luego el sometimiento al frío de la realidad, a los colores demasiado estridentes, al ruido de la ciudad, a los olores pestilentes... Las sensaciones son las primeras y más terribles agresiones a las que puede someterse un ser humano. Posterior a eso y luego de una serie de eventos desafortunados como el "destetamiento" (horroroso y deshumanizador momento en la existencia), los seres humanos empezamos a desarrollar un inmenso sentido de "recuperación del amparo", es una solicitud de cobijo que puede tomar las más variadas y múltiples formas. Desde una exacerbada entrega a una creencia religiosa hasta la más inocente y obstinada idea de que estamos en este mundo con la única misión de reunirnos con nuestra otra mitad que no es más que aquel pedazo de masa encefálica que nos arrebataron al salir tan abruptamente de nuestro imperio uterino.

Puede que Freud haya tenido razón, toda la culpa la tuvieron nuestros padres... ¿pero acaso no fueron ellos hijos también?, entonces el primer padre se lleva todo el merito, ahí es el exacto punto donde nace ese grupo de herméticos mortales que se afilian a alguna religión que podría llamarse algo así como "cienciología"(?) u otros escepticistas. La cuestión es que hay que culpar a alguien por quienes somos, no podemos ser naturalmente malos entonces se lo debemos a alguien o a algo... en fin.
Desde entonces y de aquella reflexión, dejé de consultar las cartas del tarot, de cuestionarme sobre si ella (que ya está aquí) es realmente el amor de mi vida o es una transición, de si somos la levedad y el peso o dos pesos pesados que se ahogan en una profundidad inhóspita. Desde que la conozco (y quizás mucho antes), mi indicador de desamparo refulgió como un radar expuesto a las más altas frecuencias y eso me es suficiente para comprender que su existencia es para mí, inherente. Puedo decir por otro lado fervientemente que la voluntad propia, el sentido intrínseco que llevamos dentro sobre las cosas y nuestro movimiento entorno a ellas es el único mapa que poseemos y por lo tanto; El vital.



- En un mundo descomunal, siento tu fragilidad... –




viernes, octubre 31, 2008

La casa hambrienta

*


-Se dilataba y expandía la casa,
ardiente de euforias constreñidas,
ardiente de sopor de madre,
de sexo enardecido,
Carbonizando las paredes enjutas,
derritiéndose como lamentos,
moribundos y urgentes,
Se extendía la casa,
se extendía hasta mis entrañas,
roídas y machacadas,
Corrían por las barandas jugosas,
los golpes empuñados perforando,
las sonrisas infantiles,
las fotografías que olían a hollín.
-Esqueletos rebotando por las escalinatas,
repletos de dudas,
atosigados por sorbetear...
el humo de las habitaciones ennegrecidas,
Aliento que se derrama y se acicala,
en las esquinas de la casa lastimada,
Espectro pueril que acalla los llantos,
los bramidos y las mordeduras del alma,
como un cuerpo que encapsula la cama desnuda,

... las ventanas quebradas,

y las miradas ardorosas.

domingo, octubre 05, 2008

Pulsiones de muerte

*


Una noche Mors se zambulló por las cornisas de su palacio subterráneo. Trepó intrépido los altos murallones del templo de Somnus, y arrebatado por su codicia le dio muerte con un suave beso que coronó en sus labios nocturnos. Muerto Somnus, Mors se hacía dueño y señor de las sombras, abrazando todo cuanto a su paso se arrojase.

El día en que Mors asesinó a su hermano gemelo Somnus, no descansaron los ríos bravos y enloquecidos, no cesaron su vuelo las aves que caían sobre los mares abigarrados de cuerpos acabados. La ciudad completa padeció el más severo desvelo. Interminables fueron las noches y los meses que transcurrieron a rastra fatigados. A todo ser insomne que suplicó oscuridad, Mors apenas le toco con su dedo concediéndole la noche eterna, alimentándose de cada último soplo y palabra renunciada.
Cada vez que dormitamos, que nos pesan los parpados, que arrastramos los pies cansados, estamos palpando el aliento de Somnus que nos engulle en su organismo espectral para poblar las tinieblas por donde ahora deambula desolado en busca de su antiguo reino, emperador de los sueños.

La imagen metafórica de Mors o también conocido como Tánatos, viviendo en nuestro cuerpo explican la autodestrucción como el principio generador de muerte. La pasividad del individuo que muerde trozo a trozo su impulso de violencia corroyéndolo hasta que ésta se adueña de su aparato motor, de su acto a seguir y finalmente de la supremacía de la violencia que embetuna y sobrepobla todo como almidón a un diabético.
Por otro lado la ciencia nos muestra como las palabras, los pensamientos enardecidos, la auto-mitigación, provocan que ésta ultra violencia absorba también la energía vital de nuestro cuerpo, convirtiéndola en desechos y bombas nucleares internas que arrebatan al ser humano el resto de "Eros" (En mitología representado como; Vida o Amor) que impulsa la vida.

Día a Día nos enfrentamos a diversas situaciones que nos vuelven paulatinamente adictos a este gen: El sentimiento irascible, la compulsión, la sobre-exigencia como un castigo psíquico y corporal, manifestado en adoraciones al ego, apetitos narcisistas que sucumben en infidelidades, desavenencias interpersonales y sensación de frustración ante la imposibilidad de concretar los requisitos mínimos de evolución que nos proponemos. Somos una especie que oscila continuamente entre la luz y la oscuridad, (entendidos como conceptos generalizados y no específicamente culturales). Somos todos potencialmente Dios, si entendemos ésta asociación de Dios, sin estar sujeta a un icono social, sino a la esencia o idea abstracta de lo que creemos Dios, como energía creadora, modificatoria o inclusive impulsadora de algo que origina muchas otras cosas. Somos una cápsula atochada de impulsos, y es ese impulso un Big-Bang liberador y atomizador del todo, aún los accidentes deben tener dos partes confluyentes de tal hecho. Un positivo y un negativo que se estrellan como dos fuerzas imparables generando un objeto inamovible. Entonces, comprendiendo este choque fundador de algo, como una energía liberada por otro encapsulado; ¿Seremos también nosotros capaces de transformar y originar tan magnas cosas?, si este supuesto fuese así posible; ¿Con qué potencia nuestra mente afectaria el orden natural de nuestro cuerpo y el de los otros?. Si somos seres divinos en potencia, también somos potencialmente seres oscuros, capaces del mismo poder de engendrar fuerzas negativas imparables.

Una persona adicta a la sensación que produce el amor. Una persona dependiente de la sexualidad que produce con quién es adicto. Una persona adicto a muchas otras drogas psicomotoras. Una persona que piensa de tal manera y en tal potencia a alguien que no sabe si existe o no, que lo atrae y que lo superpone a cualquier otro interés que pudiese procesar su pensamiento. Entendido esto: ¿Podría ésta persona convertir ésta histeria en algo real?; ¿Es acaso aquella histeria colectiva una manifestación en masa de nuestra potencialidad para originar cosas?. Podríamos entender que los cuentos de hadas, los mitos, los deseos generacionales de las personas, que toman un color universal, sin importar nacionalidad, edad o tendencia, no son sino el instrumento creador más poderoso de los seres sintientes. Puede que mucho de lo que han predicado distintas religiones y culturas a lo largo de la historia, como herramientas de sanación y de don, no sean si no otra verdad irrenunciable, que es posible perfilar dentro de los marcos de evolución psíquica.



- Somos todos mortales hasta el primer beso y el segundo vaso, y esto lo sabe cualquiera, por poco que sepa. - (Eduardo Galeano)





jueves, julio 24, 2008

Nº III

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-Yo estaba cuando las horas
Eran las últimas de la caravana
Cuando salpicaba afilada la risa
Cuando la lluvia sometía la casa lastimada
Estaba cuando todos los cerrojos brillantes
Humedecían y oxidaban olvidados.
-Soy la que rasguña las noches de lumbres cabizbajas
Sobre la levedad de tus paredes
La que se acuesta en tus agallas
Y abusan tus miedos
A quien reverberas sus días de cólera.
-Soy sólo un infierno barrido
Un pedazo de sol fulminado
Y eres tú la gravedad de mis talones
El único cordón que sujeta la tierra a su orbe.
-Eres siempre la última primavera
El corazón intoxicado
Las tardes eternas.
Y si un día te arrastran
Hilaran mis venas
Un puente de enredaderas hasta tu vientre.

-Y ahora soy la extensión

El respiro ágil

La sonrisa infinita…